150.- L'arribada fallida a l'elit del RCD Mallorca el 1917

Última Hora, 16 de maig de 2017

Enguany es compliran cent anys de la frustrada primera participació a un campionat oficial de l'actual RCD Mallorca, llavors denominat Reial Societat Alfons XIII FC. El club barral va tenir a tocar la possibilitat de participar a la màxima categoria del Campionat de Catalunya la temporada 1917-18, la qual cosa li hagués donat l'oportunitat de competir davant els millors equips del campionat més potents de l'Estat: FC Barcelona, RCD Espanyol, FC Espanya i FC Internacional de Barcelona, CE Sabadell i Athletic FC de Sabadell. Recordem que la Lliga espanyola no nasqué fins 1929 i el protagonisme el tenien la Copa i els campionats regionals. 

L'Alfons XIII FC, després d'un any de vida, s'havia proclamat campió de Mallorca en un campionat molt modest, no oficial, jugat contra La Veda i els filials respectius. Gràcies a aquest fet va guanyar-se el dret a disputar el campionat de Segona categoria del Campionat de Catalunya amb els campions dels tres grups que la formaven al Principat. Contra tot pronòstic, el 7 d’octubre de 1917, a Sabadell, va imposar-se al CE Júpiter de Barcelona en semifinals (3-2); i el 14 d'octubre, en el camp del FC Barcelona, va guanyar la final contra l'Ateneu Palafrugellenc (3-1). Així es proclamà campió de la Segona categoria de Catalunya, el seu primer títol oficial. 

En qualitat de campió, l'Alfons XIII FC va guanyar-se el dret a disputar la promoció d’ascens a Primera Categoria enfront el FC Internacional de Barcelona. Només amb un any de vida, el club es trobava a un partit de situar-se entre els millors equips del moment; però va renunciar-hi, donades les dificultats econòmiques que suposaria la disputa d'una competició, amb sis desplaçaments a la península, cada quinze dies. Era una aposta massa arriscada per a una entitat nova i de futur encara incert, que hagués suposat el seu ingrés fulgurant a la primera línia del panorama futbolístic de l’Estat. El fet insular en tengué la culpa.

149.- A las puertas del centenario de Miquel Marqués

El Mundo-El Día de Baleares, 4 de mayo de 2017

El mallorquín Pere Miquel Marqués García (Palma, 1843–1918) fue uno de los compositores de mayor éxito en su tiempo en España. Una figura que gozó de gran popularidad en los escenarios españoles gracias a sus contribuciones a la zarzuela, el género escénico por excelencia durante décadas en el panorama musical español. Hasta hace pocas décadas su nombre aún era conocido gracias a uno de sus fragmentos: el preludio del acto 3º de su zarzuela El Anillo de Hierro (1878), paradigma del inspirado buen hacer de Marqués como compositor y una obra que aún sorprende por su lejanía con los estereotipos tradicionalmente asociados a la zarzuela, género que no acaba de despojarse de su fama de estilo simple y pasado de moda. La pieza aún mantiene un lugar habitual en el repertorio de las bandas de música y algo menos en el orquestal, gracias a un intenso lirismo que, a ratos, parece dibujar entre compases algunos trazos del paisaje isleño del autor. Es sorprendente que aún nadie haya acertado a acometer una adaptación para transformar la música del preludio en un himno popular tal como Grieg, Haydn, Sibelius o Verdi lograron en su tiempo, aprovechando las posibilidades que la pieza ofrece. 

Marqués fue una rara avis en el panorama musical entre sus contemporáneos. Ya radicado en Madrid fue autor de cinco sinfonías entre 1869 y 1880 en un momento en que el género aún era prácticamente desconocido en el país. Sus estrenos (llegó a estrenarlas todas, una gran hazaña en su tiempo) fueron virtualmente el pistoletazo de salida para el sinfonismo español del siglo XIX, a pesar de que pronto desaparecieron del repertorio; ya fuera por la escasa afición al género, ya fuera por la llegada posterior de las obras de los grandes genios que eclipsaron a la incipiente y débil producción local. La crítica no fue unánime al respecto: mientras unos le calificaron como el Beethoven español, otros lo valoraron como un sinfonista de segundo nivel. Para salir de dudas fueron ejecutadas en fechas recientes y, a juzgar por los entendidos, Marquès no es equiparable al genio de Bonn (hubiera sido una sorpresa mayúscula y de alcance mundial); aún así su obra sinfónica es correcta, la trascendencia que tuvo en su tiempo está más que justificada y merece ser considerado como un digno exponente del magro sinfonismo español, siempre tan falto de tradición y referentes en comparación con tan rico bagaje al norte de los Pirineos. 

Ante tales precedentes es indiscutible que cabe un redescubrimiento de su obra y biografía, yendo más allá de su faceta de compositor escénico. Para la próxima temporada de conciertos de la Simfònica es casi imperativo que incluyan algunas de sus sinfonías en el calendario; ya sería mucho pedir la ejecución de la integral, pero por pedir que no quede. De hecho la integral ya fue grabada hace pocos años por la Orquesta Filarmónica de Málaga bajo la dirección de José Luis Temes, lo cual nos hace preguntarnos por qué el principal conjunto sinfónico de las islas no ha abordado todavía este reto con un compositor local de tal calado; no estaría de más reivindicar que la Simfónica lo acometiera en fechas futuras y, a poder ser, durante el centenario. Por otro lado el fallecido Luis Remartínez, primer director de la Simfònica (1989-1994), inició una labor de redescubrimiento de la obra de Marqués con la reedición, íntegra y corregida, de El Anillo de Hierro en 2014 y dirigió su puesta en escena en el Teatre Principal ese mismo año con participación de la Simfònica. Por desgracia su fallecimiento en 2015 truncó su labor, amén de frustrar su hipotética participación en un centenario al cual con total seguridad hubiera contribuido –si no liderado– de no ser por su prematura desaparición. 

No sería descabellado plantear que El Anillo de Hierro volviera a los escenarios dentro del cartel de la XXXII Temporada de Ópera del Teatre Principal durante 2018. No es una opción descabellada, pues su música huye de los tópicos habitualmente asociados al género y sigue vigente como modelo del buen hacer del compositor en todos los géneros que trabajó. Es más, esta obra es un remarcable ejemplo de la denominada Zarzuela Grande, subgénero con aspiraciones de gran género escénico y factura casi operística, eclipsado a posteriori por el Género Chico, subgénero de mayor éxito popular que acabó eclipsando al resto de corrientes. Además, no sería baladí recordar que tan solo existe una grabación de la misma, que se remonta a 1960 y que tiene un sonido muy zarzuelero común en exceso a este tipo de grabaciones. La grabación de una nueva versión permitiría una audición menos presidida por ese sonido tan tópico, a la par que ajado. 

Las incursiones de Marqués en otros géneros también deberían tener su espacio. Ganaron peso en el tramo final de su vida, ya retornado a Mallorca y con una posición lo suficientemente desahogada como para poder dedicarle tiempo y cuidado. De esta etapa vital destacan el poema sinfónico La Cova del Drach (1904) o la pieza coral Himno a Ramon Llull (1916), obras que merecerían ser revisadas y ejecutadas de nuevo para su reevaluación por el público actual. Quién sabe si lograrían hacerse un hueco en el repertorio de nuestros programas de concierto, no solamente por la condición de mallorquín de su autor –que como punto de partida es relevante–, sino por la valía de unas obras hasta hoy olvidadas. 

La conmemoración de una cifra redonda como es un centenario es propicia para redescubrir figuras olvidadas. Recuperaría a un autor local que en su tiempo demostró solidez, talento y gran versatilidad, sin carecer de un mínimo de calidad en todos los géneros que abordó. Marqués nunca cejó en su empeño de cultivar géneros ambiciosos, a pesar de enfrentarse a un panorama cultural esclerótico y de escasas posibilidades que le abocó, como a muchos otros, a componer zarzuelas para salir adelante. Algunas de sus composiciones fueron flor de un día y otras, directamente, quedaron olvidadas en los archivos durante casi un siglo. Ahora, pasados cien años, es el momento idóneo para mostrarlas ante un público que llegó a valorarle en vida (fue proclamado Hijo Ilustre de Palma en 1911) y que hoy de nuevo podría hacerse acreedor a su memoria.

148.- A las puertas del centenario de Miquel Marqués

Diario de Mallorca, 19 de abril de 2017

En 2018 se cumplirá el centenario del fallecimiento de uno de nuestros compositores más insignes: Pere Miquel Marqués García (Palma, 1843-1918), figura que antaño gozó de gran popularidad y prestigio gracias a sus contribuciones al mundo escénico. Durante décadas su memoria se ha mantenido gracias a un solo fragmento: el preludio del acto 3º de su zarzuela El anillo de hierro (1878), perfecto ejemplo del buen hacer de Marqués como compositor y una obra paradójicamente lejos de los tópicos tradicionalmente asociados al género zarzuelístico. La pieza atesora un intenso lirismo que ha perdurado a través de los años sin envejecer, gracias al cual ha mantenido un lugar habitual dentro de nuestro repertorio local, especialmente en el mundo de las bandas. La intensidad de sus pasajes parecen evocar el alma isleña y aspiraría perfectamente a la categoría de himno popular (letra aparte), tal como Verdi, Haydn, Grieg o Sibelius lograron en su tiempo y han mantenido hasta hoy. 

Para la efeméride que se avecina podría barajarse la puesta en escena de El anillo de hierro en su integridad para la próxima temporada de ópera ya que su música, destacado estandarte de la zarzuela grande de elevadas aspiraciones eclipsada por el género chico posterior, posee hechuras cuasi operísticas –aunque el libreto de la misma no acompañe en exceso–, en consonancia con el buen hacer de Marqués en todos los géneros que abordó. También cabe recordar que falta una grabación de la obra que renueve la única disponible hasta la fecha, que se remonta a 1960 y que permita una lectura de la misma menos presidida por ese sonido tan "zarzuelero" tan común a este tipo de grabaciones añejas. 

Pero ante una fecha tan señalada redescubrir su obra y figura es más que ineludible, por lo que quedarnos en su faceta de compositor escénico resultaría un aniversario del todo incompleto. Porque Marqués fue un peso pesado dentro de la música sinfónica de su época: autor de cinco sinfonías compuestas entre 1869 y 1880 que fueron un destacado hito dentro del sinfonismo español del siglo XIX, y aunque desaparecieron pronto del repertorio fue a causa de la escasa tradición en el país. Por ellas unos le llamaron nada menos que "el Beethoven español" mientras otros las calificaron de obras de segundo nivel (dejo al lector imaginarse cómo eran el resto de incursiones en el género). En fechas recientes fueron reestrenadas, lo cual ha permitido comprobar que Marqués, en efecto, no es equiparable al genio de Bonn; pero sus obras lo confirman como un relevante hito musical y un dignísimo exponente del (magro, magrísimo) sinfonismo español, tradicionalmente tan falto de tradición y referentes de nivel. 

Sería deseable incluir alguna de sus sinfonías en la próxima temporada de la Simfònica, o incluso planificar la ejecución de la integral y acometer su grabación en concierto o posterior en estudio. Recientemente la integral fue grabada por la Orquesta Filarmónica de Málaga bajo la batuta de José Luis Temes, pero no estaría de más que la Simfónica acometiera el mismo reto en fechas futuras, máxime tratándose de un compositor de casa que ha tenido que ser reivindicado desde fuera. También el fallecido Luis Remartínez, primer director de la Simfònica entre 1989 y 1994, inició un camino de redescubrimiento de la obra y figura de Marquès que fuera más allá de la parcial memoria que de él se conservaba. Reeditó la partitura íntegra corregida de El anillo de hierro en 2014 y fue puesta en escena en el Teatre Principal, con participación de la Simfònica, con gran éxito. Su fallecimiento al año siguiente frustró su participación en un centenario en el que, de buen seguro, le hubiese gustado contribuir y participar. 

Asimismo sería el momento de redescubrir las incursiones de Marqués en otros géneros, creadas en la recta final de su vida y habiendo ya retornado a Mallorca. Obras como el poema sinfónico La cova del Drach (1904) o el Himno a Ramon Llull (1916) merecen una revisión y una difusión a gran escala entre el gran público. Por todo ello Marquès merece hacerse un hueco permanente en nuestros programas de concierto y no solamente por su simple condición de mallorquín. 

Este centenario puede ser la ocasión perfecta para redescubrir y consolidar de una vez por todas a un compositor de talento, sólido, versátil y de calidad, como muchos otros obligado a componer zarzuelas para sobrevivir; pero que nunca dejó de lado otros géneros de mayores pretensiones. Algunas de sus obras quedaron inéditas y olvidadas en los archivos durante más de un siglo; ahora, cien años después, es el momento de darles la afinación adecuada ante el público de la tierra que le vio nacer para no volver a caer en un injusto anonimato.

147.- L'exhibició del campió del món Jack Johnson a Palma (1917)

Última Hora, 21 de març de 2017

El 9 d’abril de 1917 -ara farà un segle- va celebrar-se en el velòdrom del Tirador de Palma un acte esportiu de primera magnitud. Deixant de banda les habituals competicions ciclistes, es va celebrar un combat de boxa amb una llegenda viva: el campió del món, Jack Johnson (1878-1946). No fou una vetllada a l’ús, sinó un combat d’exhibició aprofitant la seva popularitat d’abast mundial. Johnson s’enfrontà a Gus Rhodes (nebot seu) i Robert Blanc, de raça blanca, disputant-ne tres assalts amb cada un que Johnson despatxà sense massa dificultat. Al dia següent es preveia una segona exhibició en el Teatre Balear, que no va arribar a celebrar-se. 

Què havia portat fins Mallorca a una figura de fama mundial? Johnson fou el primer gran ídol esportiu de raça negra als Estats Units i campió del món dels pesos pesants entre 1908 i 1915. Això no li va evitar problemes amb la llavors molt racista societat nord-americana i la justícia del seu país. Per evitar la presó va exiliar-se el 1913 fins anar a parar a Barcelona el 1916, on va viure-hi tres anys. El gegant afroamericà va protagonitzar varis combats a Madrid i Barcelona que aixecaren enorme expectació. La proximitat geogràfica amb la capital catalana va afavorir la seva visita a Palma, tot i oferir una vetllada menor contra púgils de poca entitat i mancada de vertadera emoció competitiva. 

Segurament Johnson va ser convidat a Palma arran els inicis de l’afició pugilística a Mallorca. Llavors l’esport rei era el ciclisme i ni el futbol estava consolidat. Però la presència d’un campió del món de fama internacional, de manera sorprenent, no va funcionar i l’afició a la boxa va quedar com una moda passatgera. No fou fins la fundació del Boxing Club Mallorca, l’any 1931, que l’esport va arrelar amb força i va consolidar-se definitivament amb innombrables vetllades en el Teatre Balear i en el desaparegut Teatre Líric.